lunes, julio 27, 2009

El justiciero de Manabí -ahora una leyenda-.

Estaba preparando un post sobre el buen viaje de las semanas anteriores y a modo de confesión puedo decir que el tiempo me ha tenido ahorcado. Me tiene en sus manos y recién ahora se porque un buen amigo lo llama ‘el tirano’. Así que por ello el escrito sigue siendo un montón de párrafos sueltos en una hoja de Word que no he podido unir y completar.
Me dije que no iba a publicar nada hasta no tener listo ese escrito, pero ayer, mientras tomaba el café cargado de la noche y lo remataba con una bola de verde con chicharrón, sabores que siempre me recuerdan a Manabí, otro detalle me refrescó la memoria de su particular modo de ver la vida:

‘El justiciero de Manabí’

No quiero soltar un juicio de valor, ya que de seguro va a estar equivocado por la falta de conocimiento sobre el tema. No quiero tomar un partido y si en algún momento en lo que sigue lo hago, espero me sepan disculpar.

La leyenda.
En muchos comics de superhéroes ‘americanos’ el paladín empieza su lucha contra el crimen por un hecho oscuro en su pasado que se transforma en algún trauma, así Bruce Wayne (Batman), o Frank Castle (Punisher) vieron morir a su familia en manos de criminales. Que es lo que de una manera extraña –pasar de ficción a real- une a Mauricio Fernando Montesdeoca Martinetti con estos personajes. Él, luego del asesinato de sus hermanos y amigos, empieza a viajar supuestamente en busca de conocimientos de inteligencia contra el crimen y de manejo de armas.
Por su posición económica, logra viajar mucho en su búsqueda de conocimiento y regresa al país, en lo que sería ya un experto en manejo de armas e inteligencia policial.
La leyenda había nacido y de una manera extraña la palabra ‘supuestamente’ o algún sinónimo siempre se colaba en las noticias del ahora llamado ‘Justiciero’.
Así en varios diarios se puede leer que cuando llegó ‘SUPUESTAMENTE’ empezó a buscar a los culpables de la muerte de sus hermanos y amigos, que los encontró que ‘probablemente’ los asesinó. Vengando así su muerte.
De supuesto en supuesto, se llega a decir que llegó a colaborar con los grupos de élite de la Policía, que con su conocimiento se preparaban operativos para incautaciones de droga y para captura de bandas de delincuentes. Incluso se llega a decir que tenía un dormitorio en uno de los cuarteles de Policía de Portoviejo.
La leyenda crecía cada vez más y el rumor sobre este personaje creció tanto que no se pudo ocultar. Aun recuerdo el día en que lo escuché nombrar por primera vez.
Estaba en Crucita –la playa-, sentado en una silla plástica en la vereda del bar de un conocido con un jugo de naranja con amaretto en las manos, mirando el mar, el dueño del bar, con quien siempre entablamos conversaciones extravagantes, se acerca y de una manera rápida llegamos al tema de la inseguridad:

-¿en dónde metiste el dedo? ¿En qué lío estabas metido para que estés con esa férula? –le preguntaba, mientras señalaba con el sorbete una larga férula metálica que tenia en uno de los dedos.

-¡Puta! Compadre. Lo que paso es que me tocó defender el kiosco con un fuete contra un ratero que se quería llevar los parlantes. –respondió a la brevedad.

-¿Cagada la delincuencia también por acá?- le digo
Su respuesta fue rápida: Era una pendejada, una mierda la verdad, pero por acá por fin apareció el justiciero y se ha puesto todo tranquilo. El ‘man’ asomó para que no se carguen a los serranos que aparecen por acá en estas fechas.

-Pero si eres mas quiteño que los motes de la magdalena, así que no me vengas a ‘serranear’ le suelto mientras me meto el último hielo del vaso en la boca.


Un par de amarettos más y estaba algo más enterado de lo que significaba el justiciero para la población Manabita, era su leyenda, era más que nada alguien que le vino a poner orden a todo el relajo que se estaba generalizando en la provincia, un poco de miedo a la represalia si te portas mal nunca sobra, fue la conclusión de aquella tarde y noche.

Salpicado por la política
Ya en Quito, el tema del Justiciero se me borró de la memoria, hasta que saltando de noticia en noticia, supe que había salido del ‘supuesto’ anonimato y que se había lanzado a la carrera política.
Y ahí fue donde la leyenda que para mí era tan retórica, tan contemporánea, llena de Manabí, llena de ese encanto de la provincia y su gente, historia híbrida entre Portoviejo y Ciudad Gótica, paso a ser simplemente un tipo notorio que quiere llegar a algún cargo público. Y no supe nada más del Justiciero. No supe si queria ser Asambleísta o Alcalde, simplemente lo deje pasar, como hago con los comentaristas deportivos que quieren ser diputados. O con las presentadoras de TV, que buscan un curul. Ya no tengo esperanza en la política del Ecuador.

El final
“El Justiciero” de Manabí fue asesinado con trece balazos
Mauricio Fernando Montesdeoca Martinetti, de 38 años, conocido como “El Justiciero”, fue asesinado la madrugada de ayer por desconocidos, cuando se dirigía a su casa, ubicada en la ciudadela Ceibos del Norte, en Portoviejo.

Así empezaba la noticia de la muerte del Justiciero en un diario Cuencano, en otro podía leer lo siguiente:

‘El jefe murió como le gustaba vivir y en su ley, dando bala’. Dicho esto por su chofer. Que también resultó herido en la emboscada final.

Hoy las hipótesis sobre su muerte se comienzan a tejer y como toda leyenda muerta, cada cierto tiempo cambiarán hacia el lado que a cada uno de los actores le convenga, puedo escuchar o leer que: fueron policías resentidos por una denuncia, que fue una banda de sicarios contratados por políticos, o que fue un ajuste de cuentas por un trabajo mal hecho, ya que él era un sicario.
Con supuestos también termina la leyenda del ‘Justiciero’, con hechos y palabras que quedarán en el imaginario de Manabí, en el mío y en el de uno que otro Ecuatoriano. El Justiciero ahora se nutrirá de certezas y conjeturas. Lo más probable es que nunca sepamos que pasó con él, nuestra curiosidad no se verá saciada, pero eso les hace bien a las leyendas.

Una leyenda más para las noches, eso es lo que nos queda. ¿Bueno o malo? Habrá que ver lo que dice el tiempo.

2 comentarios:

Mashu dijo...

Serán por mis recientes experiencias, pero un tipo que sale a cazar hijueputas ladrones asesinos "solo" porque perdió a sus hermanos en sus manos, no se me hace tan malo.

Con un poco de valor y un costal de plata, a más de uno se nos ha ocurrido. Es un cosa de reacción ante la sensación de impotencia y de estar indefensos que queda luego de un incidente de ese calibre.

Anakriks dijo...

A los siglos un post querido Pastv...que te diré, me dejaste pensando porq casi, casi no había escuchado nada del man, que desubicación la mía. Pero de que en el país de la canela nos sobran personajes, locaciones e historias para leyenda no lo dudes. El tiempo dirá si el justiciero permeará el olvido y se convertirá en uno de esos personajes que rondan las historias de pueblo.

Y por cierto revisa eso de los pop up,siguen apareciendooooooo. Saludos a tú!