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miércoles, abril 01, 2009

Solo nos queda escarbar

Hemos estado estos días intentando sacar varios proyectos adelante, corriendo de acá para allá. Y en este ir y venir siempre hay uno que se lleva las mayores atenciones –por cantidad de tiempo pensándolo y repensándolo-. Pero el momento de poner las manos a la obra no es al que más tiempo le dedico, pero siempre está ahí, dando vueltas y molestando a los demás proyectos.

Todos saben que mi tesis me tiene a mal andar y es que este proyecto molesta como una de esas condenadas moscas que dan vueltas alrededor de nosotros, molestas por su zumbido y peor cuando se paran en tu frente, luego salta a tu brazo, llega a un punto donde desaparece un par de horas, para ir a posarse en Dios sabrá que cosas para volver con un ruido recargado y termina por arruinarte las ideas maestras.
Hoy en el bus –de camino a hacer una fila de papeles- tuve una epifanía para el maldito proyecto, todo se armó de una manera práctica y clara. Por suerte ya lo anoté. Habrá entonces que madurar la idea y apurarme para que todo esté listo pronto y salir de este atascadero por fin.
Es por ello que hoy saco del archivo a esta tirita de Calvin, que sin llegar a ser una frase de autoayuda, alegra el día y sirve para no olvidarnos que los tesoros si existen. -aunque a mi me toque cavar hasta el austro-.

Por cierto otra cosa que es un tesoro luego de tanto penar es esto:



Saludos.

lunes, mayo 07, 2007

Vejez de plástico

En la Facultad, a la que aún pertenezco ya que por razones de dominio público no he terminado de hacer la tesis, un par de muchachos de niveles básicos leían sus apuntes referentes al plástico.
El poliestireno es esto, el poliestireno es aquello, el pvc hace esto, uno de los enunciados de sus notas decía que cierto tipo de plástico tiene una vejez horrible.

No es la primera vez que escucho eso y ciertamente es verdad, por lo general; el acabado superficial de los polímeros suele poseer problemas al paso del tiempo y eso es de dominio público, el giro de la historia llega cuando el sujeto a lee:
A: — plástico suele tener un deficiente valor de durabilidad al paso del tiempo…
B: — claro, ¿viste el acrílico que raye el otro día sin querer?
A:— Si, huevonazo, nos toco comprar una plancha nueva, por tu culpa pendejo.
A:— Pero a lo que se refiere es a que el plástico tiene fea vejez... ¡gil!
B:— ¿Osea que mejor le agarro a la Dani antes que se cague?


En la noche, regresando a casa, mientras caminaba pensaba en tipo de vejez puede uno tener. ¿Vejez plástica para mí? Creo que es bien posible. Pienso en la Dani del comentario de arriba y supongo que entre la operada de nariz y las tetas plásticas algo debe haber de cierto —en la vejez plástica para los humanos—, pero yo, no he tenido ningún retoque de ese estilo.
Mi futro creo que es ser como el de una caja de CD, ese CD favorito que lo hemos tocado y retocado hasta pensar que íbamos a borrar su contenido.
La caja queda entonces transparente a ambos lados un poco opacada por microyarones al juntarse con otros CDs, las rayas del uso, del abuso presentes en toda la caja, con una pata de la tapa rota, unas cuantas hojas del folleto dobladas en las esquinas y con huellas digitales por todos lados, — de cuando aún el folleto servía para memorizar las canciones—, masking para no perder las muchas piezas que componen la caja, con las pestañas para sostener al disco perdidas en la sala de aquel amigo al que prestamos el disco, pero con la habilidad de hacer recordar con una simple mirada a la maltratada caja de lo bueno que es el disco.
Espero ser una caja rayada, parchada, usada, en fin llegar a la vejez con la cara de haber sido usado y recordado, aunque lo que al final quede sean unas cuantas notas en la memoria de pocos.
En fin, espero solamente que la vejez, maltrate la caja y no dañe el disco.
¡Larga vida a todos!
¡Buen inicio de Semana¡

domingo, diciembre 24, 2006

Nueva enfermedad...

Siempre he dicho que si algún momento un “matasanos” me dice que tengo que dejar de comer algo que me gusta le caso en una corta medida , si me prohíbe por ejemplo la carne asada dejaré de comerla los fines de semana para comerla al mes o algo por el estilo. Comer es un placer realmente.

Hoy tengo un caso muy diferente. Padezco de lo que se llamaría agonía por alta ingesta de alimentos, de laboriosa preparación, excelente gusto al paladar y pesado camino a la digestión.
En pocas palabras creo que ando empachado.

Haré lo posible para seguir comiendo en lo que queda de estas fiestas.
Así que por el momento voy a preparar una “aguita de manzanilla” para atorarme con el pavo, condimentado por mi tía hoy más en la noche.

Con esta introducción como excusa, les deseo una Navidad a lo bestia.
Pásenla bien con las personas que más quieren y a los que acostumbran el intercambio de regalos, que el Viejo Pascuero los trate bien.
¡Feliz Navidad!