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miércoles, julio 02, 2008

La esperanza como terapia…

Hoy ha sido un día diferente, los autos en la mañana no pitaron en cada esquina como de costumbre, el sonido del camión que reparte gas era imperceptible, es más podría decir que hasta escuché uno que otro pájaro cantando cerca de la ventana. De verdad hay algo raro en el ambiente.

En casa las actividades e la mañana tenían un tinte lento no eran frenéticas como de costumbre. ¿Quién vio mi camiseta negra de Liga? Se oía desde uno de los cuartos, no he visto, pero si la encuentro me la pongo yo, fue la respuesta desde el otro lado de la casa.
En otro día eso hubiera sido una patada de inicio para dejar en claro que la camiseta es de quién la pagó y qué quien la pago tiene derecho y la obligación de ponérsela, pero hoy no es así, hoy la contra respuesta fue: ¿entonces vieron la azul?.

Ese comportamiento tranquilo se ha visto en todos los lugares a los que he podido ir, gente más suelta de uniformes, jefes sin ganas de molestar porque los empleados llegaron en jean y con camisetas blancas, empleados que trabajan a un mejor ritmo para poder juntarse con los amigos más temprano, banderitas en los autos, en las oficinas.

Ajetreo en las cocinas de restaurantes que están tomando precauciones para las personas que de seguro llegarán a visitarlos, un día atípico en la ciudad, es la verdad, un día extraño por la tranquilidad y el frenesí que se percibe al mismo tiempo, no es ese alertagamiento rancio del domingo por la tarde, definitivamente se siente y se ve diferente, hoy la ciudad se muestra con esperanza, se plantea que todos los que estamos metidos acá de una u otra manera podemos ser felices por once tipos pateando un trozo de cuero sintético, la ciudad que espera festejar hoy con la firme convicción que mañana si los once ganan su copa se puede decretar vacación en la ciudad.

Espero que con la muestra de hoy nos demos cuenta que podemos albergar esperanza, que peso que se nos hace raro en el pecho hoy, no es miedo es alegría por esperar mejores cosas. La esperanza que tenemos hoy ha logrado que la ciudad cambie su mueca agresiva a una sonrisa coqueta, y si para algo nos sirve el fútbol es para eso, para cambiar nuestras caras largas y cambiarlas por sonrisas y saber que la esperanza es buena.

jueves, junio 26, 2008

La Liga y la primera final



A este blog le suele nacer uno que otro post sobre el fútbol, que dependiendo de la ocasión se tiñe a favor o en contra, lo que si se intentado es ser bastante objetivo con el tema —aunque no creo que lo he logrado—. Pero esta vez es diferente, porque aun tengo la adrenalina en la parte baja del cerebro del partido de ayer y eso nubla la parte objetiva del cerebro.

Para ser sincero y a pesar de que muchas personas luego me quieran sacar la madre o me puteen en la calle —al igual que sucede con los árbitros— voy a decir que soy mas hincha de la Liga que de la selección.
El ser hincha de un equipo que juega cada fin de semana, con el que puedes hablar con el señor que les pasa cepillo a los zapatos, con el tendero, con el amigo del alma, es más sensato que ser hincha del “equipo de todos” que juega cada mil años.

"El equipo de todos" esa frase creo que es la que más choque me produce, ya que si la selección es de todos, Liga es de unos cuántos que han optado ser hinchas. La elección hace que se cree una relación de pertenencia hincha-equipo. A diferencia de la selección que es de todos, Liga es MI equipo.

Ayer se jugó la final de la Copa Libertadores, no tenia pensado ir al estadio, por una lista de factores que va desde el despiste normal hasta la falta de compañía.
Entrada la tarde una cosa llevó a otra en los quehaceres diarios y para cuando me percaté en lo que hacía estaba con la cámara entre manos, lanzando fotos de los alrededores del estadio para tener memoria de lo que pasó ayer y para practicar “el arte de la fotografía” que lo tenia olvidado.
Entre una foto mala y otra más mala, una voz me dice:

—Le vendo generales socio.
— No muchas gracias —le digo, pensando en que ya estando ahí… podría ser—
— Se la vendo barata —replica el revendedor
— ¿Cuánto?
— 25 balas la Norte, cinco balas menos que lo que cuesta.
— Nop, no mismo, la norte ya ha de estar a full y no he de tener dónde sentarme. Muchas gracias con todo. —le digo mientras pensaba en el camino mas cercano para ir al súper a comprar cervezas para ver el partido en casa—
— 20 general sur alta ¿que dice socio? — suelta el revendedor como pensando en que el negocio ya no se hace.
— 15 balas, no tengo más —le digo a ver que respuesta obtengo—
— No mi pana, no sale es que por lo menos quiero recuperar la inversión —dice el revendedor entre dientes.
— Puta, pero de ley que ya ganó bien en las anteriores. —¿Eso lo dije o lo pensé? Mientras veía como en la cara del revendedor se dibujaba una sonrisa.
— Ya socio, de una…

Diez minutos mas tarde estaba preocupado porque encontrar la entrada a mitad de precio para la final, no es sensato, y ya se me cruzó la idea que me habían timado.
Ya estaba en la cola e intentar entrar era la única manera de comprobarlo.

Diez minutos mas tarde, ya estaba metido en la platea alta buscando puesto, cosa que fue bastante dificultosa porque ya era tarde, el estadio casi lleno y el miedo que produce la cámara de fotos de un desconocido hace que las personas no dejen entrar a nadie en sus 3 puestos guardados para 2 personas.
Guardé la cámara y seguí en la búsqueda de puesto.

Acomodado y un poco mojado, disfruté del ambiente, los fuegos artificiales, el papel picado, los rollos de papel, pude ver el partido, sacar una que otra foto, y gozar con el triunfo.

Al final se sintió una desazón en los hinchas, de la misma que me contagié, pudo haber sido un 6 a 1 o un 5 a 1. La emoción del primer tiempo no nos dejaba ver que tenemos una ventaja grande para el otro partido y que las cosas se dieron como esperábamos. El gol de visita ya no se cuenta así que nos queda solamente esperar a la siguiente semana con las cervezas en la nevera y el traje de baño blanco para meternos en la pileta.
Por la ligaaaaAAAa!!!

Ps. Muchas veces el hincha cae en la enfermedad, y el principal síntoma es que se encuentre disparando gritos de “novelero” a diestra y siniestra, aunque el “gritón” vaya al estadio por primera vez. Si un novelero va al fútbol y le dice novelero a otro el hecho de decirlo primero ya le da cierta jerarquía.
Cosa muy molestosa la verdad ya que nadie sabe a cuantos partidos tienes que ir para dejar de ser novelero o cuantas barras tienes que saber para ser aceptado, en fin habrá que agradecer los noveleros y no noveleros (y a los revendedores) por dejar la taquilla de ayer llena.