lunes, diciembre 12, 2005

Había una vez un Notario...

Que vivía en una tranquila ciudad cerca de Macondo, un pueblito tranquilo en la Costa.
El señor Notario, se llamara Rogelio Vaca, él vivía tranquilo en su pueblito, las leyes a muchas de las veces no llegan al pueblito.
Es por esta razón que Rogelio podía hacer lo que se le venga en gana, pero él como muchos otros hombres íntegros tenía en su poder un cargo público, el cual ostentaba con mucha responsabilidad. El notario Vaca era un ser humilde, según su familia y sus amigos, era para muchos el mejor residente de su país, incluso quedó en un honroso segundo puesto cuando una radio nacional realizó un concurso para ver quien era el mejor, el primer puesto lo ganó un difunto liberalista, muerto mucho tiempo para que las nuevas generaciones sepan exactamente quien es aquel sujeto.

Lo que el Notario hacía para ser considerado el mejor habitante de su país era ayudar a los necesitados de dinero o “plata”; se contaba entre las santas de las iglesias que tenía más dinero que todo el fondo de salud del país. Este cuento a mi me parecía chisme de viejas desocupadas, pero yo puedo contar que: vivía en su pequeño edificio, todo el pueblo sabía que a más de ese edificio vetusto, pequeño y caliente —ya que el aire acondicionado no servía— tenía más propiedades entre casas, haciendas, canchas de fútbol, media empresa cervecera y millones de cosas más… Pero hace algún tiempo, el Gran Notario, —como lo llamaban en su pueblo— tenía un alma tan grande que regalaba o prestaba sus más grandes propiedades a la gente que le ayudaba en su difícil negocio, claro a modo de recompensa, es por ello que a él solo le quedaba el edificio.

Todos en el pueblo teníamos envidia de la gente que trabajaba cerca del Notario, ya que ellos gozaban del dinero que él hizo con esfuerzo y dedicación durante toda su vida.
Y es que el negocio del Gran Notario no tenía precedentes en la historia del pequeño país en el cual habitaba. Su negocio de basaba en tomar poco dinero y multiplicarlo para convertirlo en cantidades inimaginables, nadie sabia como lo hacía—incluidas las viejas desocupadas—, su capacidad de producir era asombrosa, muchas veces le llegaron cartas del gobierno de su país para que sea ministro de economía, ya que con su toque mágico podía sacar al país de la pobreza fácilmente y convertirlo en una cálida isla de paz y de dinero.
Al Notario Rogelio no le gusta ser un foco de atención, el prefería ayudar a la gente de su pueblito solamente, ya que con ellos conversaba, reía, los escuchaba, incluso una vez conmigo jugó una mesa de billar y se tomo una cerveza, claro el Notario la invitó. Pero su fama tan grande hacía que gente de pueblos aledaños se acerque a su oficina para que les ayude a multiplicar sus ingresos, Rogelio no dudaba en ayudarles, aunque sabía que podía ser riesgoso, ya que él sabia que tendría imitadores que solamente roben la plata de las personas desesperadas.
Según las viejas desocupadas el plan de estos imitadores era desaparecer al Notario, plan que se elucubró desde hace mucho tiempo atrás y el cuento se afianzó cuando a la oficina del notario Rogelio llegaron unos tipos de manera de vestir desaliñada u corte tipo militar.
—Para mi que eran sicarios— decía una de las señoras sin nada mas que hacer que fijarse en esos detalles.
—Pues yo creo que eran policías, de esos que roban a los conductores ebrios de las otras ciudades— Comentaba la otra señora, muy a su modo.
Hasta que una de ellas defendió a los del corte de cabello raro diciendo lo siguiente:
— Ellos son también personas y tienen derecho a ampararse en el buen corazón del Gran Notario. ¡ No sean chismosas!
Es fue el final de la conversación de aquella mañana.

Ese día decidí confiar un poco de dinero al Gran Notario, me iba a comprar un puerco, pero decidí ver que pasaba si dejaba de ser incrédulo y creía en milagros de vez en cuando ya que si era cierto todo lo que decían podía comprarme cuatro cerdos con los milagritos que hace Rogelio.
Entré en la oficina del Notario sin que me anuncien, lo que encontré fue unos tipos amenazándolo con pistolas en el rostro. Pude oír lo que decían y nunca olvidaré esas palabras:
—¡deja a la chica en paz, ella es la hija de nuestro jefe y es muy joven para ti!
El Notario balbuceó:
—Pero yo la amo, no le voy a hacer daño… déjenos en paz… Dile a tu jefe el presidente, ¡¡que yo no voy a dejar en paz a su hija!!
Los tipos, salieron enojados de la oficina del Notario. Casi me atropellan cuando lo hacían, el Notario, me observó de pies a cabeza, me pidió que me siente, me sirvió un whisky, él hizo lo mismo, me advirtió que no cuente esto a nadie y que por lo que acabo de ver no estaba con la cabeza lo suficientemente despejada para atenderme como se debería y que le disculpe.
En ese momento supe que el milagro de la multiplicación del dinero no era para mi. El Notario, a modo de confesión me contó que pensaba fugarse con la chica que le había “robado el corazón”, que se iba a la capital del país con una excusa, una reunión de notarios y que cuando terminara eso salía del país con ella. Los negocios aun seguirían, tenia entrenada a su gente y sabía que ellos lo manejarían bien. Además contarían con su supervisión desde el exterior, por medio de cámaras, Internet y otros asuntos tecnológicos que no comprendo bien.
Me despedí del Notario y salí de su oficina, esperaba volverlo a ver algún día, pero ese día llego más temprano de lo previsto, ya que a los dos días de mi reunión, vi llegar un ataúd, con los restos del Notario, no lo podía creer, los familiares del Notario no estaban ahí, habían salido del país, las viejas desocupadas dijeron que fueron los hijos quienes avisaron al presidente los planes de huir de su padre .Claro ellas no sabían de las intenciones de fugarse con su hija.
Los canales de televisión encubrieron todo, dijeron que la chica con la que encontraron al notario muerto era otra persona, el nombre de la chica fue la de una amiga de mi madre que ya había muerto.

Yo este momento supongo que todo fue planeado por el presidente, toda una gran obra de teatro para matar el mito del Notario, pero hubo algo de que se olvidaron, de su gran negocio… Ahora la gente que confió su dinero al Notario Rogelio, pide que le devuelvan su dinero, los empleados del notario no saben aún como manejar el negocio, no me sorprendería en lo absoluto que el presidente pague a toda esta gente su dinero multiplicado para que nadie revuelva más y encuentre metido el nombre de su hija dentro de este asunto…
No se que pase en un futuro, lo que si sé es que voy a comer puerco en navidad… Y por eso le digo Gracias Notario!